
P Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
T Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.
L De los Hechos de los Apóstoles (Hechos 1, 6-11)
Ellos lo rodearon preguntándole: Señor, "¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Jesús contestó: "No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo". Dicho esto lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se le presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?. El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como lo habéis visto marcharse".
G1 El Resucitado ha vencido la muerte. Ha entrado en la esfera de la vida sin fin. También su cuerpo está marcado por la gloria. Durante los cuarenta días pascuales se hace ver, tocar, abrazar; conversa, come y camina con los suyos; Entre ellos la última suprema promesa: "Tendréis la fuerza del Espíritu Santo" para dar cumplimiento a la misión universal. Aquel grito: "Todo está consumado", emitido en la cruz, se convierte ahora en plenitud. Entrando en la esfera de la vida sin fin, el Resucitado se sustrae a la vista normal de la fragilidad de nuestro ojo. Pero el Resucitado se queda con los hombres, como ha prometido: "Estaré con vosotros todos los días". Jesús comparte con el Padre el señorío universal. Ahora se sienta a su derecha. De este modo la naturaleza del hombre entra en la esfera de Dios. Ningún materialista podrá glorificar tanto la materia como ella es glorificada en el misterio de la ascensión del Resucitado.
G2 El hombre de hoy no mira al cielo, le basta la tierra. Así, por lo menos, cree. Pero el cielo es el modo de ser del Dios invisible. Los santos lo experimentaron como hijos-herederos. El hombre de hoy, forrado de materialismo por el primado del tener, del placer y del poder, no afina el ojo para las realidades invisibles. Sufre de miopía grave, si es que no de ceguera absoluta. El hombre de hoy teme que mirar al cielo es olvidarse de la tierra. El cielo, en cambio, será la experiencia final de quien en la tierra habrá dado de comer a los hambrientos, de quien habrá dado aliento a los desesperados. Sólo quien habrá convertido la historia en antecámara del cielo para los pobre y hambrientos hijos de Dios, podrá ser introducido en el cielo de la Pascua eterna.
T Alégrate Virgen Madre:
Cristo ha resucitado, Aleluya.
P Jesús resucitado, has ido a prepararnos un puesto. El puesto del hombre-hijo está a la derecha de Dios-padre y madre. El boleto ya lo has adquirido. No debemos romperlo. Haz que nuestros ojos estén fijos allí donde está la eterna alegría. Un pedazo de paraíso lo arregla verdaderamente todo. Mirando la Pascua plena, nosotros nos comprometeremos a realizar aquí en la tierra la Pascua para cada hombre y para todo el hombre. La Pascua de hoy, que libera al hombre, es profecía gozosa de la bienaventuranza sin fin.
T Amén
T Oh María. Templo del Espíritu Santo,
Guíanos como testigos del Resucitado
por el camino de la luz.
- proclamación del paso bíblico
- comentario exegético (G1)
- aplicación al hombre de hoy (G2)
Según el tiempo disponible, se puede
- seguir todo el texto
- escoger entre comentario (G1) y actualización (G2).
La procesión es presidida por tres ministros.
Uno lleva el cirio pascual encendido;
El otro el libro de los Evangelios abierto en las narraciones de la resurrección;
El tercero un ramo de flores, signo de la vida, o un icono de Cristo resucitado.
El Presidente (P) de la asamblea los acompaña;
Los lectores (L) pueden quedarse en el ambón;
Y también los guías (G1 y G2).
Los participantes (T) o siguen el itinerario o,
según la conveniencia, se quedan en los bancos.
Los cantos son escogidos libremente por la comunidad o el grupo.
Las introducciones y los textos son del P. Sabino Palumbieri, sdb.
Las imágenes reproducen los paneles en bronce del escultor Giovanni Dragoni.
La traducción al castellano es del P. José R. Godoy.
Para los textos bíblicos, se ha tomado la de la cuarta edición del Leccionario español (1984).